19 de noviembre de 2011

8 Cedric

Todo el mundo me miró en cuanto entré al aula. El profesor Harper aún no había llegado, supuse que los alumnos estaban en algún tipo de descanso.

-Es él-dijo una chica, todo el mundo la volteó a ver.
-Tenías razón Janissa-le dijo otra. Ésta última me miró- Hola, soy Brittany. Puedes llamarme Britt.
- Soy Cedric- contesté sonriendo.
-Bienvenido a Riverbed, ¿Cómo te ha ido?
-Bastante bien. Gracias- no podía dejar de sonreír.
-Me agrada-dijo un chico al tiempo que se levantaba. Era más o menos de mi altura y bastante fornido. Aunque sin resultar grotesco como los horribles levantadores de pesas de la televisión- Soy Sebastian.

Me estiró la mano y la estreché.
- Ven puedes sentarte por aquí –dijo otra chica- Soy Janissa.

Asentí y caminé hacia el lugar que me indicaron, estaba en el centro de un círculo formando por Brittany, Janissa, Sebastian y otro chico al que todos llamaban Robert.
Una chica pelirroja que estaba sentada en la esquina me miró confundida y celosa. No entendí lo que significaba su mirada hasta que miré alrededor. Todos inclinaban su mesa lo más cerca posible de estos cuatro chicos a mi alrededor.

De alguna manera me había colado en el grupo de los “populares” y no había hecho más que presentarme.

Violet siempre decía que mi hermano y yo teníamos una clase inexplicable de atracción, Ash la ignoraba y seguía aislado del mundo, mientras que yo intentaba explotar esa “atracción” al  máximo.

En ese momento entró al aula el profesor Harper.

Era un muy buen matemático y una gran persona, me incluyó en todo rápidamente. Me hizo una prueba preguntándome un montón de cosas. Pasé con calificación perfecta.
Su clase pasó muy rápido y cuando sonó la campana tuve la impresión de que solo habían transcurrido un par de minutos.
Los chicos a mí alrededor se levantaron simultáneamente y se dirigieron a la puerta. Cuando estaban a punto de salir, Janissa se volvió hacia mí y dijo:

-Cedric, ¿no vienes?-me levanté orgulloso y sentí miradas envidiosas en mi espalda.
Comencé a preguntarme la razón por la cual eran populares, quizás obligaban a los demás a someterse ante ellos. Puse más atención para ver si golpeaban o le gritaban a alguien… algo.
Pero no, se limitaban a saludar a todos los que se encontraban en el pasillo o a tener pequeñas conversaciones con ellos. Aún así no invitaban a nadie a unirse a ellos, eran un grupo realmente extraño.
Pasamos frente a la puerta de la escuela justo cuando una chica la atravesó corriendo. Era mucho más baja que yo, tenía el cabello rubio oscuro y los ojos verdes.

-¡Hilary!-chillaron Janissa y Britt al mismo tiempo. -¿Dónde te habías metido? Estábamos muy preocupadas por ti.
-Lo siento, me desperté tarde y luego se me descompuso el auto. Por suerte había un chico en Longstreet y me ayudó.
-¿Quién?-inquirió Sebastian.
-No lo conocen, es nuevo y realmente atractivo-Sebastian rodó los ojos y Brittany pidió detalles.
-Vámonos-dijo Robert, Sebastian tiró de mi brazo sacándome de allí mientras Hilary decía:
- Creí que tendría que caminar hasta aquí, pero apareció como caído del cielo. Al principio no fue muy agradable y no dejaba de cubrirse el ojo derecho con la mano.
Eso llamó mi atención. Ash se había dejado conocer.
Me volví para preguntarle a Hilary donde estaba él… fue un gran error, comenzó a chillar muy fuerte.

-¿Qué pasa?-preguntó Janissa
-Es él-me señaló acusadoramente- Él es el chico que me ayudó.
-¿Cedric? –inquirieron cuatro voces al unísono.
-No, te confundiste- dije- No era yo, era mi hermano gemelo- Britt y Janissa me miraron escandalizadas porque no les había dicho que tenía un gemelo y comenzaron a cuchichear como siempre hacen las chicas.
Realmente no me importó, tenía cosas más importantes en mente.

-Adelántense-dije- Tengo que ir al baño.
No esperé su respuesta y caminé hacia el despacho del director. Cuando estuve seguro de estar fuera de su campo de visión me desvié hacia la salida.
Tenía que encontrar a Ash antes de que hiciera alguna locura o se cayera sobre un rosal.
Salí al aparcamiento y me oculté tras un árbol. Me concentré en los nervios de mi espalda hasta que sentí el habitual cosquilleo helado entre mis omóplatos.
Mis blancas alas se desplegaron hacia afuera, arriba y atrás.
Ash siempre parecía sufrir cuando hacia esto. Cuando le pregunté dijo que era por la sensación de quemarse vivo. Me quedé callado porque yo simplemente sentía unas agradables cosquillas frías.
Me pregunté la razón de esa diferencia, pero decidí meditarlo después, ahora tenía que encontrar a mi hermano.
Ash siempre hacía locuras y era mi trabajo encontrarlo y tranquilizarlo. Él era algo impulsivo, así que siempre hablaba con él hasta que recuperaba la consciencia… aunque últimamente no parecía estar funcionando.

12 de septiembre de 2011

7 Ash

Por un segundo consideré simplemente ignorarla, pero arruinó mi plan gritando:

- ¡Hey tú! ¿Puedes venir un momento? Necesito ayuda- dijo. Tenía una suave voz de soprano.
Puse una mano en mi ojo y me volví hacia ella confundido. ¿Debería acercarme? No quería hacerlo, pero lo hice de todos modos. Miré hacia el suelo.

- ¿Puedo ayudarte en algo?-pregunté en voz muy baja.
-¿Disculpa?
- ¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté un poco más alto esta vez, su expresión cambió a algo que no pude identificar.
-Pues…-comenzó a decir. Me di cuenta de que se había molestado por mi tono de voz.
- No quería ser grosero, ¿En qué puedo ayudarte?- dije intentando corregir mi error
-Voy tarde a la escuela, y jamás había pasado de los 70 km/h, de pronto el auto comenzó a hacer ruidos extraños y ¡PUM! Dejó de avanzar.-casi me dieron ganas de reírme por lo vaga que había resultado su explicación. Parecía no saber nada sobre autos.

-Entiendo- dije.
- Así que, ¿Sabes algo de autos? ¿Crees que puedas ayudarme?-preguntó sonando nerviosa. ¿Estaba bromeando? Si había algo que yo realmente amaba, eran los autos.
- Veré que puedo hacer- me acerqué a su auto. Era un Camaro de algún año cercano a los cincuenta. Estaba pulido y bastante bien cuidado - Buen clásico.- mencioné inconscientemente.
-Mi padre dice lo mismo, pero jamás he entendido a que se refiere- dijo ella y se acomodó en una posición realmente extraña. Una mano en su nuca y la otra en su cintura. No pude evitar levantar la mirada y enarcar una ceja. Rápidamente regresé la mano a mi ojo

-¿Le sucede algo a tu ojo?-preguntó inocentemente. No pude evitar enfadarme.
-No- respondí enojado. Pero más conmigo mismo por ser tan obvio que con ella.
-Déjame verlo.- dijo y estiró una mano hacia mí. No podía dejar que me viera. Me hice a un lado y cambié de tema:

- Tu auto ya debería funcionar, ¿Podrías probarlo?-No era cierto, no había hecho mucho, pero no quería que la conversación siguiera por donde iba. Se subió al auto e intentó arrancarlo.
-No funciona.- dijo tan burlonamente que debí haberme ofendido, pero sólo me dieron ganas de carcajearme. Reprimí el impulso.
 -Ya me di cuenta, gracias por el comentario- dije haciendo una voz enfadada muy fingida, volví mis ojos al auto. No pude evitar sonreír en ese momento.
Seguí con mi trabajo. Me di cuenta de que en realidad no había nada malo con el auto, sólo se había sobrecalentado.

Mi cabello fue hacia adelante y se metió en mi ojo derecho provocando unas cosquillas realmente molestas, lo retiré hacia atrás.

Volteé a ver a la chica para decirle que solo necesitaba esperar a que el auto se enfriara. La 
atrapé mirando mi rostro. El lado derecho de mi rostro. El descubierto lado derecho de mi rostro… mis ojos.

Me aterré, cerré el cofre y comencé a retirarme. Mi espalda picaba.
Sentí el aire revolverse detrás de mí y luego la chica estaba sosteniéndome  por el brazo.
-Suéltame- pedí en un susurro, aunque sonó más como una orden.
-¿A dónde crees que vas sin arreglar mi auto?- preguntó con aire retador. Me confundí.
-¿Acaso no te diste cuenta?
- De lo único que me di cuenta fue de un hermoso ojo violeta que es obligado a esconderse-me dijo, mi sorpresa aumentó.
-Es horrible-solté y traté de retirarme.
-¿De qué hablas?-dijo deteniéndome-Son los ojos más hermosos que he visto en toda mi vida.- Dios, jamás me habían dicho algo como eso.

Sentí una gran sonrisa dibujarse en mi rostro.

-Soy Ash Larsson-me sonrió de vuelta:
-Soy Hilary Wind.

1 de septiembre de 2011

6 Ash


Cedric lo había hecho muy bien. Realmente debió parecer que era yo.

Las marcas que me había dejado ese estúpido rosal me dolían mucho. Comencé a preguntarme si enserio había sido un rosal. Pensándolo bien, pudo haber sido alguna planta venenosa.
Genial, probablemente ahora me saldrían bolitas rojas por todo el cuerpo.

Decidí que era mejor no pensar en eso, nunca me había caído en un rosal así que no podía estar seguro de cómo se sentía. Me convencí de que no era venenoso, no me picaba nada.
Conduje muy rápido por el camino que Violet le había indicado a Cedric la noche anterior.
Llegamos pronto, el estacionamiento estaba lleno. Se notaba que las clases ya habían comenzado. Me las arreglé para quedar cerca de la entrada, junto a un Chrysler blanco. Bajamos, teníamos que ir a hablar con el director.

-Buenos días-dijo Cedric al entrar en el despacho.
-Buenos días, ¿Son los chicos Larsson?
-Así es-contesté en un susurro. 
-Muy bien, acérquense- Cedric y yo avanzamos un paso. Leí la placa del escritorio. Director Hawkins.
Estiró sus manos hacia nosotros, sostenía unos papeles. Cedric y yo los tomamos al mismo tiempo.
-Son sus horarios-dijo el director Hawkins. Nos dedicamos a estudiarlos.

De repente me sentí observado, como si hubiera alguien justo detrás de mí mirándome. Cedric me miró, comunicándome que él lo sentía también. Aún así no dijimos nada ya que el director no parecía notarlo.

-Espero que les vaya bien, deberían ir a clase-dijo. Asentimos y caminamos hacia la salida.

- ¿Qué clase tienes?-me preguntó Cedric en el pasillo.
-Historia, con la señora Rink ¿tú?
-Cálculo, con Michael Harper.
-Supongo que nos vemos después-dije y comencé a caminar hacia donde me indicaba el pequeño mapa.
-¿Ash?-llamó Cedric algo indeciso.
-¿Si?
-Suerte-dijo, sonreí.
-Igualmente

Caminó hacia el lado opuesto, cubrí mi ojo con la mano. Encontré fácilmente el aula de historia. Abrí la puerta sin llamar.
Todos me miraron de manera extraña. Estaba acostumbrado a ello, pasaba en cada escuela a la que iba.

Rink fue la primera en recobrar la compostura. Se acomodó las gafas y dijo:

- ¿Ash Larsson?- Asentí, odié la forma en la que las miradas se clavaron en mí al escuchar mi apellido –Toma asiento por favor.

Caminé hacía uno de los dos únicos lugares vacíos. Estaba en la esquina y la pared apartaba las miradas curiosas de mi ojo derecho. Me senté ahí y dejé que un mechón de mi cabello cayera sobre mi rostro, sólo por si acaso.

Rink reanudó su clase, pero pude notar que nadie ponía atención. Estaban demasiado ocupados estudiándome. Me miraban descaradamente, ni siquiera se preocupaban por fingir estar atendiendo la clase.

Llegó un momento en el que no pude soportarlo más.

Me levanté de mi asiento y sin decir nada caminé hacia la puerta. La señora Rink intentó detenerme, la ignoré completamente.
Al llegar al estacionamiento eché a correr sin prestar atención al auto. Salí de la propiedad escolar y seguí corriendo, muy rápido pero sin perder nunca el aliento.

Me estabilicé y comencé a caminar a paso normal por Longstreet. Entonces vi un auto detenido a media calle y a una chica parada junto a este.
 Pensé que estaba solo.

22 de agosto de 2011

5 Cedric

Era de noche, como las 11:30 pm. El día siguiente era el primer día de clases. No sabía qué hacer, Ash estaba durmiendo… o eso creía yo.

De pronto golpearon a mi ventana, se me hacía completamente extraño que alguien estuviera allí, aún así me levanté a abrir.

Sólo la empujé unos pocos centímetros., no podía ver quien estaba afuera, pero sí escucharlo.
-Cedric, ábreme por favor-Ash. Comencé a abrir y a reprenderlo de la manera que él tanto odiaba:
- ¿Se puede saber qué haces en mi vent….?-me quedé sin habla. Sus pantalones deportivos estaban desgarrados, descubriendo muchos arañazos y raspones en la piel de sus piernas. Venía sin playera y sus brazos y torso también estaban cubiertos. Tenía un rasguño a lo largo de la mandíbula.

Le abrí y saltó dentro de mi habitación.
- ¿Qué te pasó?-dije entre risas.
-No te rías y ayúdame inútil- me puse serio.
-Está bien, ¿Qué sucedió?
-Perdí el control-dijo simplemente.
-Explícate.
-Estaba nervioso, salí a volar para reflexionar y perdí el control. Caí sobre un rosal.
Controlé el impulso de reírme de nuevo.
-Bien, ¿Qué quieres que haga?
-Necesito que me cubras con Violet mañana por la mañana.
-Bien.
-Y… ¿Cedric?-dijo algo nervioso.
-¿Si?
- ¿Te molestaría mucho quitarme las espinas?- me eché a reír y él dio media vuelta para mostrarme su espalda. Enserio necesitaba ayuda.

Comencé a quitarlas, una por una. Puede parecer sencillo, pero es una tarea difícil cuando tienes a tu hermano gritándote al oído una serie de ¡UUU! y de ¡OUCH!
-¡Ash, ya cállate! –Grité- No querrás que Violet te escuche y venga a averiguar que sucede.
Funcionó.

-Entonces…-dije- ¿Cuál es el plan?
- Ninguno, tú sólo debes caminar delante de Violet, procurando cubrirte el ojo derecho, luego regresar y ser tú mismo delante de ella. Ah, y no hables. Hablas demasiado agudo para ser yo.
Le hice una mueca y comenzó a reírse. Sabía que bromeaba, así que realmente no me enfadé con él. Seguí quitándole espinas, sólo que ahora con menos cuidado y lastimándolo. Siempre hacíamos eso, bromeábamos con el otro diciéndonos que éramos mejores y la victima lastimaba al bromista.

-Terminé-le dije simulando un tono molesto.
-Gracias, ¿Cuento contigo mañana?
-Sabes que sí.
-Cierto, lo sé- y riendo se fue a su habitación.

Miré mi espejo. El chico que me veía desde allí parecía feliz, era la primera vez en mucho tiempo que lo veía así. En sus ojos había esperanza; esperanza de que todo fuera diferente, de poder conocer personas sin preocuparse de lo que pensaran.
Entonces me di cuenta de lo difícil que debía resultar para Ash el mirarse sabiendo que era diferente y pensando que nadie lo aceptaría jamás. Nunca comprendí por qué él volaba todo el tiempo, ahora me daba cuenta.

Me acosté con esa mentalidad y me quedé dormido.
Ash me despertó a la mañana siguiente, eso si que era extraño, él nunca se despertaba antes que yo.

-Cedric, debes ponerte unos vaqueros negros y la sudadera gris que tienes igual a la mía.
Me duché y me vestí como me lo indicó. Cuando terminamos me dijo la manera correcta de cubrirme el ojo derecho. Nos miramos en el espejo. Parecíamos una sola persona reflejada dos veces.
Bajamos las escaleras y Ash gritó:
-Cedric, te espero en el auto-me hizo una señal y caminé hacia la cocina, Violet ya estaba allí. Me cubrí el ojo.
-Ash, ¿Dónde está tu hermano? Él es siempre más rápido que tú-me encogí de hombros indiferentemente como mi hermano siempre hacía y salí.

Eché a correr hacia la otra entrada de la cocina y solté mi ojo.
-Buenos días, Violet-dije.
-Buenos días Cedric, tu hermano ya está en el auto.
-Si, gracias. Que tengas un buen día.
-Igualmente-Salí de la cocina y corrí hacia el auto. Ash ya estaba allí. Lo había logrado.
Subí con una gran sonrisa pegada a la cara. Violet siempre había creído que era Ash quien rompía todas las reglas.  Y era cierto, pero ahora le demostraría que yo tampoco era tan inocente como ella creía.

4 Hilary

Un rayo de sol golpeó mi espalda despertándome. Solté un gran bostezo y miré mi reloj.
¡Diablos! Ya eran las 9:00 am. Me levanté rápidamente y me vestí a toda prisa. Abrí el refrigerador y tomé un poco de leche directo de la caja.

Jalé las llaves de mi auto, no sabía que coche era, pero papá lo llamaba algo parecido a Tamaro  de los años cincuenta. Según él era un “clásico”  así que tenía mucho cuidado al manejarlo, jamás había pasado de los 70 km/h pero ese día iba tarde y tenía que llegar a tiempo para la clase de literatura, ya que había perdido la clase de historia y no podía llegar a la escuela en 10 minutos, eso era lo malo de vivir al otro lado del pueblo.
Aceleré lo mas que pude, rápidamente llegue a los 70 km/h después a los 80, 90, tenía miedo de que sucediera algo malo con el auto pero tenía demasiada prisa, no quería perder dos clases en un día.

Justo a tres cuadras de llegar a la escuela el auto soltó un bramido y se detuvo por completo. Genial, era el peor día de todos.
No había nadie en la calle a esta hora, así que no podía contar con un fabuloso mecánico que estuviera pasando por la misma calle, a la misma hora, en el mismo día.

Entonces… lo vi.

Era la única persona en toda Longstreet. Este día ya iba lo suficientemente mal, no tenía nada que perder, así que grite:
- ¡Hey tú! ¿Puedes venir un momento? Necesito ayuda.- se volvió hacia mí, estaba frotándose el ojo derecho con la mano. Definitivamente era un desconocido.
Esto si que era extraño, nunca había personas nuevas en Riverbend, así que me permití el lujo de observarlo. ¡Cielos! Era enserio apuesto.

En ese momento alzó la mirada, aparté mis ojos rápidamente. Se acercó dudoso sin retirar ni un momento la mano de su ojo.

- Pousdous asyundiste sen asgouis -siseó mirando hacia al suelo.
- ¿Disculpa?-inquirí
Aclaro su garganta, pero no levantó la mirada.
-¿Puedo ayudarte en algo?-su voz era profunda y grave, con un tono de desaprobación como diciendo: No haré nada de lo que pidas
- Pues…-me hacía sentir algo insegura.
-No quería ser grosero, ¿En qué puedo ayudarte?- preguntó de buena manera esta vez.
-Voy tarde a la escuela, y jamás había pasado de los 70 km/h, de pronto el auto comenzó a hacer ruidos extraños y ¡PUM! Dejó de avanzar.
-Entiendo- dijo él aunque aún no levantaba la mirada.
- Así que, ¿Sabes algo de autos? ¿Crees que puedas ayudarme?-pregunté algo nerviosa.
- Veré que puedo hacer- sonaba confiado. Se aproximó al auto y  abrió la parte de enfrente.- Buen clásico.- dijo para si.
-Mi padre dice lo mismo, pero jamás he entendido a que se refiere-traté de hacer una pose sexy mientras lo decía, colocando la mano derecha en mi nuca y la izquierda en la cintura, debí parecer desesperada.

Enarcó una ceja, de verdad debí parecer torpe, se llevo rápidamente la mano hacia su ojo.
-¿Le sucede algo a tu ojo?-pareció molestarle la pregunta, retiró su mano. Antes de que pudiera ver cualquier cosa, un mechón de cabello negro la sustituyó.
-No- respondió molesto y cortante.
-Déjame verlo.- comencé a estirar mi mano hacia él, pero antes de que pudiera tocarlo se retiró y dijo:
- Tu auto ya debería funcionar, ¿Podrías probarlo?

Me enfadé por el cambio de tema, pero me subí al auto y lo intente arrancar. No funcionó.
-No funciona.- dije con tono burlón
 -Ya me di cuenta, gracias por el comentario- dijo intentando sonar enojado, fijó su vista en el auto de nuevo. Cuando creyó que no lo miraba, lo vi sonreír por primera vez. 


Seguí observándolo, me di cuenta de que una delgada línea roja cruzaba por su mandíbula, me pregunté cómo se la había hecho.

Se puso a trabajar. En algún momento, el mechón que cubría su ojo derecho le estorbó y lo retiró. Un rayo de sol acarició su rostro resaltando un destello violeta.
Alzó la vista queriendo decir algo, notó mi expresión y transformó la suya completamente. Se veía asustado.
Cerró la parte delantera del auto y sin más dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria a mí.
Abandoné mi posición y corrí tras él, lo tome por el brazo para detenerlo.

-Suéltame- ordenó en voz baja.
-¿A dónde crees que vas sin arreglar mi auto?- lo reté, me miró desconcertado.
-¿Acaso no te diste cuenta?-preguntó algo confundido
- De lo único que me di cuenta fue de un hermoso ojo violeta que es obligado a esconderse-dije orgullosa de mi respuesta
-Es horrible-dijo cortante
-¿De qué hablas?, son los ojos más hermosos que he visto en toda mi vida.-Pareció desconcertado por un minuto.

Finalmente sonrió y dijo:

-Soy Ash Larsson-le devolví la sonrisa.

19 de agosto de 2011

3 Janissa


Abrí mi locker y saqué mi libro de cálculo. El capuccino mocca que sostenía humeaba soltando un olor irresistible.

Sucumbiendo ante ese maravilloso olor, destapé el mocca y lo acerqué a mi nariz.
- Tú eres enserio extraña, Draft- levanté la cabeza al escuchar mi apellido.
Caminando por el pasillo se acercaban el mejor quarterback en la historia de la escuela de la mano de su perfecta novia líder de porristas.
- ¡Sebastian!- exclamé abrazándolo. Era mi mejor amigo en el mundo. -¡Brittany!- la abracé a ella. Era una de las dos chicas que habían pasado de ser mi amigas a ser mis hermanas.
- Janissa- dijeron al unísono. Sin estos chicos mi vida no sería la misma. Sebastian era una de esas personas que siempre te apoyan y están ahí para ti.
Aún así, la nuestra no era una de esas historias en las que las chicas se enamoran platónicamente de sus mejores amigos.
Sebastian y Britt estaban juntos y eso iba bien conmigo.                     

Por otra parte, Britt y yo habíamos crecido juntas y siempre habíamos sido las mejores amigas, junto con Hilary formábamos un trío inseparable.
Hilary era… bueno, era Hilary. Simpática y buena con todo el mundo. Inocente todo el tiempo. Una chica que jamás pasaría por sus años de rebeldía y que siempre sería muy obediente, tranquila y feliz.
Ella era la que aportaba la tranquilidad e inocencia al equipo. Britt daba la parte snob y yo la personalidad y la maldad.
Éramos tan distintas que simplemente encajábamos. Sin saber cómo, siempre éramos las adolescentes más populares de la ciudad.

- Justo íbamos a cálculo- dijo Sebastian viendo mi libro. -¿Vienes?
-Claro.- dije y comencé a caminar junto a ellos, lo cual resultaba un poco incómodo. Iban abrazados y se detenían cada tres pasos para besarse.
Finalmente decidí  dejarlos solos:

- Adelántense, en un momento los alcanzo.- Dije
-¿Segura?-preguntó Britt, asentí.

Avanzaron  por el pasillo hacia el aula y yo retrocedí. En realidad planeaba saltarme esa clase.
Comencé a retroceder y deambular por el colegio.
Caminé hacia la entrada, y vi que estaba nevando. Había dejado mi chaqueta en el auto así que salí a buscarla.

En el estacionamiento mi Chrysler ’77 estaba siendo opacado por un Lamborghini Murciélago plateado que jamás había visto.

Ya nadie podía permitirse autos como ese desde que la única  familia rica de Riverbend había dejado el pueblo 16 años atrás, justo después de la desaparición de su hija menor. Luego de eso se prohibió la salida del pueblo a cualquier residente.

Este auto solo podía significar que alguien con dinero había logrado encontrar el camino al pueblo.

Volví al interior algo confundida. Pasé frente al despacho del director y descubrí que había alguien dentro. Me agaché para que la pared me cubriera y solo asomé los ojos.
De espaldas a mi había dos personas con sudaderas grises y capuchas puestas hablando con el director.
Se movían de manera sincronizada. Se acercaron a la puerta para salir, yo me escondí tras el cubo de basura y observé.
Eran dos chicos exactamente iguales, gemelos. Caminaban con la misma pierna, de hecho daban miedo. Las únicas diferencias eran que el chico de la derecha se cubría un ojo con la mano y llevaba una mochila en el hombro derecho, en cambio el otro la llevaba en el hombro izquierdo. Con lo poco que pude observar me di cuenta de que ambos eran muy guapos.

Me levante de mi escondite y caminé a clase.

Había descubierto a los dueños del hermoso auto, ya tenía un tema para comentar en el almuerzo.

17 de agosto de 2011

2 Ash


Luego de asignar las habitaciones, Violet dijo que saliéramos a conocer los alrededores. Nos indicó un camino hacia el oeste que nos conduciría al río.

Cedric y yo nos pusimos en marcha, después de un rato de caminar en silencio escuchamos el correr del agua.

Nos apresuramos y llegamos muy rápido. Junto al río había dos árboles exactamente iguales, uno frente al otro y en línea paralela a la orilla. Genial, este sería nuestro lugar.

Curiosamente en cada lugar en el que vivíamos había un sitio como este. Ya fueran dos rocas, dos troncos caídos. Cualquier cosa. Inmediatamente se convertía en nuestro lugar.

Cedric se sentó bajo el árbol de la izquierda, yo bajo el de la derecha.
- ¿Puedes creerlo?-pregunté
-Lo sé, es impresionante.
-Libertad-dije lentamente, saboreando cada letra.

Probablemente libertad sea una de las cosas que los chicos de 16 años más anhelan, pero en nuestro caso la palabra tenía un significado más profundo.

Toda nuestra vida, Violet nos había obligado a estar solos, nunca dejaba que habláramos con alguien o que entabláramos una relación estrecha porque temía que descubrieran nuestro secreto. Nosotros obedecíamos y siempre había sido así; Cedric y yo solamente.
Tal vez esa sea la razón por la que nos llevábamos tan bien. No éramos como unos gemelos comunes, nosotros nunca peleábamos.
Aunque claro, nada en nosotros era normal.

Miré mi cara en el rostro de mi hermano. El cabello negro tan oscuro como la tinta cayendo sobre unos ojos de un color azul imposible. Sus facciones duras y suaves al mismo tiempo.
Violet decía que éramos tan bellos, tan perfectos que no parecíamos humanos. Pensé en mis ojos. Ella tenía razón, eran atrayentes, salvajes… inhumanos.

Los ojos de Cedric eran azules, idénticos a los de Violet. Mientras que los míos eran una rareza absoluta.
Yo tenía una alteración genética llamada heterocromía. Quiere decir que uno de mis ojos, el izquierdo, era igual a los de mi hermano. Mientras que el derecho era violeta puro, ni lila ni morado claro, sino de un auténtico y brillante violeta oscuro.

Yo llevaba el cabello un poco más largo que Cedric para cubrir mi ojo derecho... mi anormal y notorio ojo derecho.

Comencé a sentir ardor en un punto entre mis omóplatos, como ocurría cada vez que pensaba en cuan diferentes eran mis ojos.
Mi hermano siempre me decía que tenía que dejar de ocultarme tras mi cabello… me ardió aún más, me saqué la camiseta. Cedric se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

-Ash, no lo hagas-suplicó.
-Oh vamos, ¿Qué es lo peor que podría pasar?
- ¡Detente!-ordenó
-No-respondí tranquilo.

El ardor se tornó insoportable, sentí que si me contenía más estallaría en llamas, así que cedí.
Brotaron poco a poco de mi espalda, negras y tan oscuras como una noche sin luna ni estrellas. Mis alas.

Mi hermano y yo éramos Nephilim. Hijos de una humana y… un ángel.

-Llegaré antes que tú-le dije a Cedric, retándolo.
-Eso crees –se sacó su playera y dejó a sus alas en libertad. Al contrario que las mías, eran de un blanco puro. Aunque eso no significaba que éramos los típicos gemelos bueno-malo, para nada. Sólo era un color.

Excepto por mis ojos y el color de nuestras alas, éramos idénticos.
Para cualquier persona nos veíamos exactamente iguales, debido a que yo solía cubrir mi ojo derecho y nunca nadie veía nuestras alas.
Lo único que los hacía distinguirnos era nuestro estilo de ropa. La mía cómoda y holgada y la de Cedric más presentable. Aún así Violet algunas veces nos confundía.

Cedric me hizo una señal y remontamos vuelo. Yo siempre había sido más rápido, ya que practicaba mucho más. Pero al parecer Cedric había estado entrenando, porque me ganó.
- ¿Decías? –preguntó burlón. Sonreí.
-Me parece que estamos en problemas-mencioné luego de mirar los nuestros torsos desnudos.
Se escucharon pasos aproximándose.
-¿Chicos?-inquirió Violet con un tono acusador y muy, muy decepcionado.
Cedric me lanzó una mirada, como diciendo que había sido idea mía, lo cual, de hecho, era cierto.
Violet se veía más decepcionada cada segundo.

Al parecer acabábamos de perder nuestra poca libertad.