Por un segundo consideré simplemente ignorarla, pero arruinó mi plan gritando:
- ¡Hey tú! ¿Puedes venir un momento? Necesito ayuda- dijo. Tenía una suave voz de soprano.
Puse una mano en mi ojo y me volví hacia ella confundido. ¿Debería acercarme? No quería hacerlo, pero lo hice de todos modos. Miré hacia el suelo.
- ¿Puedo ayudarte en algo?-pregunté en voz muy baja.
-¿Disculpa?
- ¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté un poco más alto esta vez, su expresión cambió a algo que no pude identificar.
-Pues…-comenzó a decir. Me di cuenta de que se había molestado por mi tono de voz.
- No quería ser grosero, ¿En qué puedo ayudarte?- dije intentando corregir mi error
-Voy tarde a la escuela, y jamás había pasado de los 70 km/h, de pronto el auto comenzó a hacer ruidos extraños y ¡PUM! Dejó de avanzar.-casi me dieron ganas de reírme por lo vaga que había resultado su explicación. Parecía no saber nada sobre autos.
-Entiendo- dije.
- Así que, ¿Sabes algo de autos? ¿Crees que puedas ayudarme?-preguntó sonando nerviosa. ¿Estaba bromeando? Si había algo que yo realmente amaba, eran los autos.
- Veré que puedo hacer- me acerqué a su auto. Era un Camaro de algún año cercano a los cincuenta. Estaba pulido y bastante bien cuidado - Buen clásico.- mencioné inconscientemente.
-Mi padre dice lo mismo, pero jamás he entendido a que se refiere- dijo ella y se acomodó en una posición realmente extraña. Una mano en su nuca y la otra en su cintura. No pude evitar levantar la mirada y enarcar una ceja. Rápidamente regresé la mano a mi ojo
-¿Le sucede algo a tu ojo?-preguntó inocentemente. No pude evitar enfadarme.
-No- respondí enojado. Pero más conmigo mismo por ser tan obvio que con ella.
-Déjame verlo.- dijo y estiró una mano hacia mí. No podía dejar que me viera. Me hice a un lado y cambié de tema:
- Tu auto ya debería funcionar, ¿Podrías probarlo?-No era cierto, no había hecho mucho, pero no quería que la conversación siguiera por donde iba. Se subió al auto e intentó arrancarlo.
-No funciona.- dijo tan burlonamente que debí haberme ofendido, pero sólo me dieron ganas de carcajearme. Reprimí el impulso.
-Ya me di cuenta, gracias por el comentario- dije haciendo una voz enfadada muy fingida, volví mis ojos al auto. No pude evitar sonreír en ese momento.
Seguí con mi trabajo. Me di cuenta de que en realidad no había nada malo con el auto, sólo se había sobrecalentado.
Mi cabello fue hacia adelante y se metió en mi ojo derecho provocando unas cosquillas realmente molestas, lo retiré hacia atrás.
Volteé a ver a la chica para decirle que solo necesitaba esperar a que el auto se enfriara. La
atrapé mirando mi rostro. El lado derecho de mi rostro. El descubierto lado derecho de mi rostro… mis ojos.
Me aterré, cerré el cofre y comencé a retirarme. Mi espalda picaba.
Sentí el aire revolverse detrás de mí y luego la chica estaba sosteniéndome por el brazo.
-Suéltame- pedí en un susurro, aunque sonó más como una orden.
-¿A dónde crees que vas sin arreglar mi auto?- preguntó con aire retador. Me confundí.
-¿Acaso no te diste cuenta?
- De lo único que me di cuenta fue de un hermoso ojo violeta que es obligado a esconderse-me dijo, mi sorpresa aumentó.
-Es horrible-solté y traté de retirarme.
-¿De qué hablas?-dijo deteniéndome-Son los ojos más hermosos que he visto en toda mi vida.- Dios, jamás me habían dicho algo como eso.
Sentí una gran sonrisa dibujarse en mi rostro.
-Soy Ash Larsson-me sonrió de vuelta:
-Soy Hilary Wind.