12 de septiembre de 2011

7 Ash

Por un segundo consideré simplemente ignorarla, pero arruinó mi plan gritando:

- ¡Hey tú! ¿Puedes venir un momento? Necesito ayuda- dijo. Tenía una suave voz de soprano.
Puse una mano en mi ojo y me volví hacia ella confundido. ¿Debería acercarme? No quería hacerlo, pero lo hice de todos modos. Miré hacia el suelo.

- ¿Puedo ayudarte en algo?-pregunté en voz muy baja.
-¿Disculpa?
- ¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté un poco más alto esta vez, su expresión cambió a algo que no pude identificar.
-Pues…-comenzó a decir. Me di cuenta de que se había molestado por mi tono de voz.
- No quería ser grosero, ¿En qué puedo ayudarte?- dije intentando corregir mi error
-Voy tarde a la escuela, y jamás había pasado de los 70 km/h, de pronto el auto comenzó a hacer ruidos extraños y ¡PUM! Dejó de avanzar.-casi me dieron ganas de reírme por lo vaga que había resultado su explicación. Parecía no saber nada sobre autos.

-Entiendo- dije.
- Así que, ¿Sabes algo de autos? ¿Crees que puedas ayudarme?-preguntó sonando nerviosa. ¿Estaba bromeando? Si había algo que yo realmente amaba, eran los autos.
- Veré que puedo hacer- me acerqué a su auto. Era un Camaro de algún año cercano a los cincuenta. Estaba pulido y bastante bien cuidado - Buen clásico.- mencioné inconscientemente.
-Mi padre dice lo mismo, pero jamás he entendido a que se refiere- dijo ella y se acomodó en una posición realmente extraña. Una mano en su nuca y la otra en su cintura. No pude evitar levantar la mirada y enarcar una ceja. Rápidamente regresé la mano a mi ojo

-¿Le sucede algo a tu ojo?-preguntó inocentemente. No pude evitar enfadarme.
-No- respondí enojado. Pero más conmigo mismo por ser tan obvio que con ella.
-Déjame verlo.- dijo y estiró una mano hacia mí. No podía dejar que me viera. Me hice a un lado y cambié de tema:

- Tu auto ya debería funcionar, ¿Podrías probarlo?-No era cierto, no había hecho mucho, pero no quería que la conversación siguiera por donde iba. Se subió al auto e intentó arrancarlo.
-No funciona.- dijo tan burlonamente que debí haberme ofendido, pero sólo me dieron ganas de carcajearme. Reprimí el impulso.
 -Ya me di cuenta, gracias por el comentario- dije haciendo una voz enfadada muy fingida, volví mis ojos al auto. No pude evitar sonreír en ese momento.
Seguí con mi trabajo. Me di cuenta de que en realidad no había nada malo con el auto, sólo se había sobrecalentado.

Mi cabello fue hacia adelante y se metió en mi ojo derecho provocando unas cosquillas realmente molestas, lo retiré hacia atrás.

Volteé a ver a la chica para decirle que solo necesitaba esperar a que el auto se enfriara. La 
atrapé mirando mi rostro. El lado derecho de mi rostro. El descubierto lado derecho de mi rostro… mis ojos.

Me aterré, cerré el cofre y comencé a retirarme. Mi espalda picaba.
Sentí el aire revolverse detrás de mí y luego la chica estaba sosteniéndome  por el brazo.
-Suéltame- pedí en un susurro, aunque sonó más como una orden.
-¿A dónde crees que vas sin arreglar mi auto?- preguntó con aire retador. Me confundí.
-¿Acaso no te diste cuenta?
- De lo único que me di cuenta fue de un hermoso ojo violeta que es obligado a esconderse-me dijo, mi sorpresa aumentó.
-Es horrible-solté y traté de retirarme.
-¿De qué hablas?-dijo deteniéndome-Son los ojos más hermosos que he visto en toda mi vida.- Dios, jamás me habían dicho algo como eso.

Sentí una gran sonrisa dibujarse en mi rostro.

-Soy Ash Larsson-me sonrió de vuelta:
-Soy Hilary Wind.

1 de septiembre de 2011

6 Ash


Cedric lo había hecho muy bien. Realmente debió parecer que era yo.

Las marcas que me había dejado ese estúpido rosal me dolían mucho. Comencé a preguntarme si enserio había sido un rosal. Pensándolo bien, pudo haber sido alguna planta venenosa.
Genial, probablemente ahora me saldrían bolitas rojas por todo el cuerpo.

Decidí que era mejor no pensar en eso, nunca me había caído en un rosal así que no podía estar seguro de cómo se sentía. Me convencí de que no era venenoso, no me picaba nada.
Conduje muy rápido por el camino que Violet le había indicado a Cedric la noche anterior.
Llegamos pronto, el estacionamiento estaba lleno. Se notaba que las clases ya habían comenzado. Me las arreglé para quedar cerca de la entrada, junto a un Chrysler blanco. Bajamos, teníamos que ir a hablar con el director.

-Buenos días-dijo Cedric al entrar en el despacho.
-Buenos días, ¿Son los chicos Larsson?
-Así es-contesté en un susurro. 
-Muy bien, acérquense- Cedric y yo avanzamos un paso. Leí la placa del escritorio. Director Hawkins.
Estiró sus manos hacia nosotros, sostenía unos papeles. Cedric y yo los tomamos al mismo tiempo.
-Son sus horarios-dijo el director Hawkins. Nos dedicamos a estudiarlos.

De repente me sentí observado, como si hubiera alguien justo detrás de mí mirándome. Cedric me miró, comunicándome que él lo sentía también. Aún así no dijimos nada ya que el director no parecía notarlo.

-Espero que les vaya bien, deberían ir a clase-dijo. Asentimos y caminamos hacia la salida.

- ¿Qué clase tienes?-me preguntó Cedric en el pasillo.
-Historia, con la señora Rink ¿tú?
-Cálculo, con Michael Harper.
-Supongo que nos vemos después-dije y comencé a caminar hacia donde me indicaba el pequeño mapa.
-¿Ash?-llamó Cedric algo indeciso.
-¿Si?
-Suerte-dijo, sonreí.
-Igualmente

Caminó hacia el lado opuesto, cubrí mi ojo con la mano. Encontré fácilmente el aula de historia. Abrí la puerta sin llamar.
Todos me miraron de manera extraña. Estaba acostumbrado a ello, pasaba en cada escuela a la que iba.

Rink fue la primera en recobrar la compostura. Se acomodó las gafas y dijo:

- ¿Ash Larsson?- Asentí, odié la forma en la que las miradas se clavaron en mí al escuchar mi apellido –Toma asiento por favor.

Caminé hacía uno de los dos únicos lugares vacíos. Estaba en la esquina y la pared apartaba las miradas curiosas de mi ojo derecho. Me senté ahí y dejé que un mechón de mi cabello cayera sobre mi rostro, sólo por si acaso.

Rink reanudó su clase, pero pude notar que nadie ponía atención. Estaban demasiado ocupados estudiándome. Me miraban descaradamente, ni siquiera se preocupaban por fingir estar atendiendo la clase.

Llegó un momento en el que no pude soportarlo más.

Me levanté de mi asiento y sin decir nada caminé hacia la puerta. La señora Rink intentó detenerme, la ignoré completamente.
Al llegar al estacionamiento eché a correr sin prestar atención al auto. Salí de la propiedad escolar y seguí corriendo, muy rápido pero sin perder nunca el aliento.

Me estabilicé y comencé a caminar a paso normal por Longstreet. Entonces vi un auto detenido a media calle y a una chica parada junto a este.
 Pensé que estaba solo.