22 de agosto de 2011

5 Cedric

Era de noche, como las 11:30 pm. El día siguiente era el primer día de clases. No sabía qué hacer, Ash estaba durmiendo… o eso creía yo.

De pronto golpearon a mi ventana, se me hacía completamente extraño que alguien estuviera allí, aún así me levanté a abrir.

Sólo la empujé unos pocos centímetros., no podía ver quien estaba afuera, pero sí escucharlo.
-Cedric, ábreme por favor-Ash. Comencé a abrir y a reprenderlo de la manera que él tanto odiaba:
- ¿Se puede saber qué haces en mi vent….?-me quedé sin habla. Sus pantalones deportivos estaban desgarrados, descubriendo muchos arañazos y raspones en la piel de sus piernas. Venía sin playera y sus brazos y torso también estaban cubiertos. Tenía un rasguño a lo largo de la mandíbula.

Le abrí y saltó dentro de mi habitación.
- ¿Qué te pasó?-dije entre risas.
-No te rías y ayúdame inútil- me puse serio.
-Está bien, ¿Qué sucedió?
-Perdí el control-dijo simplemente.
-Explícate.
-Estaba nervioso, salí a volar para reflexionar y perdí el control. Caí sobre un rosal.
Controlé el impulso de reírme de nuevo.
-Bien, ¿Qué quieres que haga?
-Necesito que me cubras con Violet mañana por la mañana.
-Bien.
-Y… ¿Cedric?-dijo algo nervioso.
-¿Si?
- ¿Te molestaría mucho quitarme las espinas?- me eché a reír y él dio media vuelta para mostrarme su espalda. Enserio necesitaba ayuda.

Comencé a quitarlas, una por una. Puede parecer sencillo, pero es una tarea difícil cuando tienes a tu hermano gritándote al oído una serie de ¡UUU! y de ¡OUCH!
-¡Ash, ya cállate! –Grité- No querrás que Violet te escuche y venga a averiguar que sucede.
Funcionó.

-Entonces…-dije- ¿Cuál es el plan?
- Ninguno, tú sólo debes caminar delante de Violet, procurando cubrirte el ojo derecho, luego regresar y ser tú mismo delante de ella. Ah, y no hables. Hablas demasiado agudo para ser yo.
Le hice una mueca y comenzó a reírse. Sabía que bromeaba, así que realmente no me enfadé con él. Seguí quitándole espinas, sólo que ahora con menos cuidado y lastimándolo. Siempre hacíamos eso, bromeábamos con el otro diciéndonos que éramos mejores y la victima lastimaba al bromista.

-Terminé-le dije simulando un tono molesto.
-Gracias, ¿Cuento contigo mañana?
-Sabes que sí.
-Cierto, lo sé- y riendo se fue a su habitación.

Miré mi espejo. El chico que me veía desde allí parecía feliz, era la primera vez en mucho tiempo que lo veía así. En sus ojos había esperanza; esperanza de que todo fuera diferente, de poder conocer personas sin preocuparse de lo que pensaran.
Entonces me di cuenta de lo difícil que debía resultar para Ash el mirarse sabiendo que era diferente y pensando que nadie lo aceptaría jamás. Nunca comprendí por qué él volaba todo el tiempo, ahora me daba cuenta.

Me acosté con esa mentalidad y me quedé dormido.
Ash me despertó a la mañana siguiente, eso si que era extraño, él nunca se despertaba antes que yo.

-Cedric, debes ponerte unos vaqueros negros y la sudadera gris que tienes igual a la mía.
Me duché y me vestí como me lo indicó. Cuando terminamos me dijo la manera correcta de cubrirme el ojo derecho. Nos miramos en el espejo. Parecíamos una sola persona reflejada dos veces.
Bajamos las escaleras y Ash gritó:
-Cedric, te espero en el auto-me hizo una señal y caminé hacia la cocina, Violet ya estaba allí. Me cubrí el ojo.
-Ash, ¿Dónde está tu hermano? Él es siempre más rápido que tú-me encogí de hombros indiferentemente como mi hermano siempre hacía y salí.

Eché a correr hacia la otra entrada de la cocina y solté mi ojo.
-Buenos días, Violet-dije.
-Buenos días Cedric, tu hermano ya está en el auto.
-Si, gracias. Que tengas un buen día.
-Igualmente-Salí de la cocina y corrí hacia el auto. Ash ya estaba allí. Lo había logrado.
Subí con una gran sonrisa pegada a la cara. Violet siempre había creído que era Ash quien rompía todas las reglas.  Y era cierto, pero ahora le demostraría que yo tampoco era tan inocente como ella creía.

4 Hilary

Un rayo de sol golpeó mi espalda despertándome. Solté un gran bostezo y miré mi reloj.
¡Diablos! Ya eran las 9:00 am. Me levanté rápidamente y me vestí a toda prisa. Abrí el refrigerador y tomé un poco de leche directo de la caja.

Jalé las llaves de mi auto, no sabía que coche era, pero papá lo llamaba algo parecido a Tamaro  de los años cincuenta. Según él era un “clásico”  así que tenía mucho cuidado al manejarlo, jamás había pasado de los 70 km/h pero ese día iba tarde y tenía que llegar a tiempo para la clase de literatura, ya que había perdido la clase de historia y no podía llegar a la escuela en 10 minutos, eso era lo malo de vivir al otro lado del pueblo.
Aceleré lo mas que pude, rápidamente llegue a los 70 km/h después a los 80, 90, tenía miedo de que sucediera algo malo con el auto pero tenía demasiada prisa, no quería perder dos clases en un día.

Justo a tres cuadras de llegar a la escuela el auto soltó un bramido y se detuvo por completo. Genial, era el peor día de todos.
No había nadie en la calle a esta hora, así que no podía contar con un fabuloso mecánico que estuviera pasando por la misma calle, a la misma hora, en el mismo día.

Entonces… lo vi.

Era la única persona en toda Longstreet. Este día ya iba lo suficientemente mal, no tenía nada que perder, así que grite:
- ¡Hey tú! ¿Puedes venir un momento? Necesito ayuda.- se volvió hacia mí, estaba frotándose el ojo derecho con la mano. Definitivamente era un desconocido.
Esto si que era extraño, nunca había personas nuevas en Riverbend, así que me permití el lujo de observarlo. ¡Cielos! Era enserio apuesto.

En ese momento alzó la mirada, aparté mis ojos rápidamente. Se acercó dudoso sin retirar ni un momento la mano de su ojo.

- Pousdous asyundiste sen asgouis -siseó mirando hacia al suelo.
- ¿Disculpa?-inquirí
Aclaro su garganta, pero no levantó la mirada.
-¿Puedo ayudarte en algo?-su voz era profunda y grave, con un tono de desaprobación como diciendo: No haré nada de lo que pidas
- Pues…-me hacía sentir algo insegura.
-No quería ser grosero, ¿En qué puedo ayudarte?- preguntó de buena manera esta vez.
-Voy tarde a la escuela, y jamás había pasado de los 70 km/h, de pronto el auto comenzó a hacer ruidos extraños y ¡PUM! Dejó de avanzar.
-Entiendo- dijo él aunque aún no levantaba la mirada.
- Así que, ¿Sabes algo de autos? ¿Crees que puedas ayudarme?-pregunté algo nerviosa.
- Veré que puedo hacer- sonaba confiado. Se aproximó al auto y  abrió la parte de enfrente.- Buen clásico.- dijo para si.
-Mi padre dice lo mismo, pero jamás he entendido a que se refiere-traté de hacer una pose sexy mientras lo decía, colocando la mano derecha en mi nuca y la izquierda en la cintura, debí parecer desesperada.

Enarcó una ceja, de verdad debí parecer torpe, se llevo rápidamente la mano hacia su ojo.
-¿Le sucede algo a tu ojo?-pareció molestarle la pregunta, retiró su mano. Antes de que pudiera ver cualquier cosa, un mechón de cabello negro la sustituyó.
-No- respondió molesto y cortante.
-Déjame verlo.- comencé a estirar mi mano hacia él, pero antes de que pudiera tocarlo se retiró y dijo:
- Tu auto ya debería funcionar, ¿Podrías probarlo?

Me enfadé por el cambio de tema, pero me subí al auto y lo intente arrancar. No funcionó.
-No funciona.- dije con tono burlón
 -Ya me di cuenta, gracias por el comentario- dijo intentando sonar enojado, fijó su vista en el auto de nuevo. Cuando creyó que no lo miraba, lo vi sonreír por primera vez. 


Seguí observándolo, me di cuenta de que una delgada línea roja cruzaba por su mandíbula, me pregunté cómo se la había hecho.

Se puso a trabajar. En algún momento, el mechón que cubría su ojo derecho le estorbó y lo retiró. Un rayo de sol acarició su rostro resaltando un destello violeta.
Alzó la vista queriendo decir algo, notó mi expresión y transformó la suya completamente. Se veía asustado.
Cerró la parte delantera del auto y sin más dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria a mí.
Abandoné mi posición y corrí tras él, lo tome por el brazo para detenerlo.

-Suéltame- ordenó en voz baja.
-¿A dónde crees que vas sin arreglar mi auto?- lo reté, me miró desconcertado.
-¿Acaso no te diste cuenta?-preguntó algo confundido
- De lo único que me di cuenta fue de un hermoso ojo violeta que es obligado a esconderse-dije orgullosa de mi respuesta
-Es horrible-dijo cortante
-¿De qué hablas?, son los ojos más hermosos que he visto en toda mi vida.-Pareció desconcertado por un minuto.

Finalmente sonrió y dijo:

-Soy Ash Larsson-le devolví la sonrisa.

19 de agosto de 2011

3 Janissa


Abrí mi locker y saqué mi libro de cálculo. El capuccino mocca que sostenía humeaba soltando un olor irresistible.

Sucumbiendo ante ese maravilloso olor, destapé el mocca y lo acerqué a mi nariz.
- Tú eres enserio extraña, Draft- levanté la cabeza al escuchar mi apellido.
Caminando por el pasillo se acercaban el mejor quarterback en la historia de la escuela de la mano de su perfecta novia líder de porristas.
- ¡Sebastian!- exclamé abrazándolo. Era mi mejor amigo en el mundo. -¡Brittany!- la abracé a ella. Era una de las dos chicas que habían pasado de ser mi amigas a ser mis hermanas.
- Janissa- dijeron al unísono. Sin estos chicos mi vida no sería la misma. Sebastian era una de esas personas que siempre te apoyan y están ahí para ti.
Aún así, la nuestra no era una de esas historias en las que las chicas se enamoran platónicamente de sus mejores amigos.
Sebastian y Britt estaban juntos y eso iba bien conmigo.                     

Por otra parte, Britt y yo habíamos crecido juntas y siempre habíamos sido las mejores amigas, junto con Hilary formábamos un trío inseparable.
Hilary era… bueno, era Hilary. Simpática y buena con todo el mundo. Inocente todo el tiempo. Una chica que jamás pasaría por sus años de rebeldía y que siempre sería muy obediente, tranquila y feliz.
Ella era la que aportaba la tranquilidad e inocencia al equipo. Britt daba la parte snob y yo la personalidad y la maldad.
Éramos tan distintas que simplemente encajábamos. Sin saber cómo, siempre éramos las adolescentes más populares de la ciudad.

- Justo íbamos a cálculo- dijo Sebastian viendo mi libro. -¿Vienes?
-Claro.- dije y comencé a caminar junto a ellos, lo cual resultaba un poco incómodo. Iban abrazados y se detenían cada tres pasos para besarse.
Finalmente decidí  dejarlos solos:

- Adelántense, en un momento los alcanzo.- Dije
-¿Segura?-preguntó Britt, asentí.

Avanzaron  por el pasillo hacia el aula y yo retrocedí. En realidad planeaba saltarme esa clase.
Comencé a retroceder y deambular por el colegio.
Caminé hacia la entrada, y vi que estaba nevando. Había dejado mi chaqueta en el auto así que salí a buscarla.

En el estacionamiento mi Chrysler ’77 estaba siendo opacado por un Lamborghini Murciélago plateado que jamás había visto.

Ya nadie podía permitirse autos como ese desde que la única  familia rica de Riverbend había dejado el pueblo 16 años atrás, justo después de la desaparición de su hija menor. Luego de eso se prohibió la salida del pueblo a cualquier residente.

Este auto solo podía significar que alguien con dinero había logrado encontrar el camino al pueblo.

Volví al interior algo confundida. Pasé frente al despacho del director y descubrí que había alguien dentro. Me agaché para que la pared me cubriera y solo asomé los ojos.
De espaldas a mi había dos personas con sudaderas grises y capuchas puestas hablando con el director.
Se movían de manera sincronizada. Se acercaron a la puerta para salir, yo me escondí tras el cubo de basura y observé.
Eran dos chicos exactamente iguales, gemelos. Caminaban con la misma pierna, de hecho daban miedo. Las únicas diferencias eran que el chico de la derecha se cubría un ojo con la mano y llevaba una mochila en el hombro derecho, en cambio el otro la llevaba en el hombro izquierdo. Con lo poco que pude observar me di cuenta de que ambos eran muy guapos.

Me levante de mi escondite y caminé a clase.

Había descubierto a los dueños del hermoso auto, ya tenía un tema para comentar en el almuerzo.

17 de agosto de 2011

2 Ash


Luego de asignar las habitaciones, Violet dijo que saliéramos a conocer los alrededores. Nos indicó un camino hacia el oeste que nos conduciría al río.

Cedric y yo nos pusimos en marcha, después de un rato de caminar en silencio escuchamos el correr del agua.

Nos apresuramos y llegamos muy rápido. Junto al río había dos árboles exactamente iguales, uno frente al otro y en línea paralela a la orilla. Genial, este sería nuestro lugar.

Curiosamente en cada lugar en el que vivíamos había un sitio como este. Ya fueran dos rocas, dos troncos caídos. Cualquier cosa. Inmediatamente se convertía en nuestro lugar.

Cedric se sentó bajo el árbol de la izquierda, yo bajo el de la derecha.
- ¿Puedes creerlo?-pregunté
-Lo sé, es impresionante.
-Libertad-dije lentamente, saboreando cada letra.

Probablemente libertad sea una de las cosas que los chicos de 16 años más anhelan, pero en nuestro caso la palabra tenía un significado más profundo.

Toda nuestra vida, Violet nos había obligado a estar solos, nunca dejaba que habláramos con alguien o que entabláramos una relación estrecha porque temía que descubrieran nuestro secreto. Nosotros obedecíamos y siempre había sido así; Cedric y yo solamente.
Tal vez esa sea la razón por la que nos llevábamos tan bien. No éramos como unos gemelos comunes, nosotros nunca peleábamos.
Aunque claro, nada en nosotros era normal.

Miré mi cara en el rostro de mi hermano. El cabello negro tan oscuro como la tinta cayendo sobre unos ojos de un color azul imposible. Sus facciones duras y suaves al mismo tiempo.
Violet decía que éramos tan bellos, tan perfectos que no parecíamos humanos. Pensé en mis ojos. Ella tenía razón, eran atrayentes, salvajes… inhumanos.

Los ojos de Cedric eran azules, idénticos a los de Violet. Mientras que los míos eran una rareza absoluta.
Yo tenía una alteración genética llamada heterocromía. Quiere decir que uno de mis ojos, el izquierdo, era igual a los de mi hermano. Mientras que el derecho era violeta puro, ni lila ni morado claro, sino de un auténtico y brillante violeta oscuro.

Yo llevaba el cabello un poco más largo que Cedric para cubrir mi ojo derecho... mi anormal y notorio ojo derecho.

Comencé a sentir ardor en un punto entre mis omóplatos, como ocurría cada vez que pensaba en cuan diferentes eran mis ojos.
Mi hermano siempre me decía que tenía que dejar de ocultarme tras mi cabello… me ardió aún más, me saqué la camiseta. Cedric se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

-Ash, no lo hagas-suplicó.
-Oh vamos, ¿Qué es lo peor que podría pasar?
- ¡Detente!-ordenó
-No-respondí tranquilo.

El ardor se tornó insoportable, sentí que si me contenía más estallaría en llamas, así que cedí.
Brotaron poco a poco de mi espalda, negras y tan oscuras como una noche sin luna ni estrellas. Mis alas.

Mi hermano y yo éramos Nephilim. Hijos de una humana y… un ángel.

-Llegaré antes que tú-le dije a Cedric, retándolo.
-Eso crees –se sacó su playera y dejó a sus alas en libertad. Al contrario que las mías, eran de un blanco puro. Aunque eso no significaba que éramos los típicos gemelos bueno-malo, para nada. Sólo era un color.

Excepto por mis ojos y el color de nuestras alas, éramos idénticos.
Para cualquier persona nos veíamos exactamente iguales, debido a que yo solía cubrir mi ojo derecho y nunca nadie veía nuestras alas.
Lo único que los hacía distinguirnos era nuestro estilo de ropa. La mía cómoda y holgada y la de Cedric más presentable. Aún así Violet algunas veces nos confundía.

Cedric me hizo una señal y remontamos vuelo. Yo siempre había sido más rápido, ya que practicaba mucho más. Pero al parecer Cedric había estado entrenando, porque me ganó.
- ¿Decías? –preguntó burlón. Sonreí.
-Me parece que estamos en problemas-mencioné luego de mirar los nuestros torsos desnudos.
Se escucharon pasos aproximándose.
-¿Chicos?-inquirió Violet con un tono acusador y muy, muy decepcionado.
Cedric me lanzó una mirada, como diciendo que había sido idea mía, lo cual, de hecho, era cierto.
Violet se veía más decepcionada cada segundo.

Al parecer acabábamos de perder nuestra poca libertad.

5 de agosto de 2011

1 Cedric

Nuestra llegada fue silenciosa, ningún residente nos notó. Violet, mi madre, dijo que era mejor así, que debíamos mantener un bajo perfil.
Estaba cansado de hacer esto, cada pocos meses teníamos que cambiar de vida porque la gente comenzaba a notarnos demasiado.


Esta vez nos tocaba un lugar llamado Riverbend, un pueblo increíblemente difícil de encontrar. Ubicado entre Minnesota y Dakota del norte. Había sido borrado del mapa por alguna razón que Violet no me quiso contar.


A ella le pareció perfecto que nos quedáramos allí, incluso dijo que tal vez podríamos permanecer más tiempo del que normalmente permanecíamos en cualquier sitio.


Rentó una casa exageradamente grande a la orilla del río que atravesaba todo el lado oeste de Riverbend. Violet vivió en este pueblo cuando era joven y dice que ahí conoció a mi padre.


El sitio no estaba nada mal, pasamos junto a un gran centro comercial que tenía cine. Lo cual habría sido genial si Violet nos permitiera socializar.


Miré a Ash, mi hermano gemelo. Parecía igual de exhausto que yo.


-Vamos chicos -dijo Violet- No será tan malo.
-Siempre dices eso- gruñó Ash.
-¿Qué podría cambiar esta vez?-lo apoyé.
-Esta vez les daré un poco mas de libertad-contestó Violet, pero enseguida añadió: -Aunque deberán prometerme que tendrán mucho cuidado.
-Lo prometemos-dijimos mi hermano y yo al mismo tiempo, en nuestro caso libertad no era cualquier cosa.


Violet dobló en una esquina, entró en un camino rodeado de sauces y llegó a una casa; nuestra casa. 
Lo único que tenía alrededor era bosque y se escuchaba un río cerca de allí. 
Estaba oculta.
Esto era verdaderamente genial, un casa oculta dentro de un pueblo oculto. Tal vez enserio pudiéramos quedarnos por un tiempo.


Violet sacó una llave dorada y a introdujo en la cerradura. Al parecer alguien con buen estilo había amueblado el lugar. 
Ella dijo que la casa tenía muchas habitaciones, así que podríamos escoger la que quisiéramos.


Escogí una que tenía un pasillo escondido hacia la que escogió Ash. Estaba en el tercer piso y tenía un ventanal enorme que mostraba una vista impresionante.


Ash pareció aburrirse y salió del cuarto dejándome solo. Él siempre se aburría con cosas que a mí me maravillaban, mientras yo podría estar observando la naturaleza desde una ventana por horas; él prefería dejarme solo y salir a disfrutarla en lugar de observarla.
Entonces recordé lo que había dicho Violet.


Libertad... no volvería a estar solo jamás. 

3 de agosto de 2011

Prólogo

25 de Diciembre de 1994


El aire se coló por su ventana abierta, provocando que un escalofrío recorriera su nuca.


Deslizó el vestido por encima de sus hombros, sintiendo el suave roce de la tela. Era el vestido más hermoso que había visto en su vida: largo, color rojo oscuro, sin tirantes y con lazos dispuesto para atar alrededor del cuello.
Tenía también un abrigo negro de cachemira que contrastaba perfecto con el tono rojo.


Colocó sus pies descalzos sobre unos zapatos negros de tacón y se miró al espejo, parecía otra persona.


La fiesta de navidad nunca había sido su favorita, pero era una tradición, ningún Larsson se la perdía.


-Violet- Escuchó que la llamaban desde fuera. Era hora. Salió y se dirigió a las escaleras, las bajó una por una examinando a su público. Todos se habían quedado callados mirándola fijamente. Algunos con adoración, otros con envidia.


Cuando llegó al final de la escalera su madre fue hacia ella y la llevó por el salón presentándola a todas las personas.
En la familia Larsson la primera navidad después de tu decimosexto cumpleaños era cuando te presentaban a la sociedad, todo un acontecimiento. Pero Violet sólo quería salir de ahí lo más rápido posible. Cuando terminó de presentarse con el último miembro de la última de las quince familias presentes, salió al balcón más alejado de la fiesta.


Al llegar se encontró con que no era la única persona ahí afuera, no tenía ganas de presentarse, así que comenzó a retirarse.  Justo antes de lograr desaparecer por la puerta, el extraño volteó a verla obligándola a detenerse.


Tenía aproximadamente su edad. No estaba arreglado, vestía unos Jeans con una simple camiseta negra tipo polo. Su cabello era rubio y largo, pero lo que más le impresionó fueron sus ojos. Eran de un profundo color violeta.


Extrañamente Violet nunca había visto a ese chico a pesar de estar en su casa. Aunque al principio ella no quería presentarse, decidió hablar con él:


-¿Quién eres tú?- Preguntó.
-Violet Larsson- Le contestó él- Es un gusto conocerte.
-Sí, soy Violet Larsson- Dijo algo impaciente- Pero... ¿Quién eres tú?
-Puedes llamarme Gabriel, he viajado desde muy lejos para conocerte.


Violet pensó en eso... ¿Sólo para conocerla?


-¿Qué quieres de mí?
-Ven conmigo al bosque y te lo mostraré- Ella no quiso hacerlo, pero había algo en su voz, algo extraño que la convenció.


Él extendió la mano y Violet la tomó sin pensar, subieron al borde del barandal y saltaron. Cuando tocaron el suelo, un inmenso bosque se extendió delante de ellos, Gabriel se adentró en este y Violet le siguió.


Ella escuchó el sonido de un río muy cercano hacia la izquierda. Gabriel fue hacia allí y enseguida encontraron la fuente del sonido. El río era hermoso, completamente cristalino y el sonido era muy relajante.


Violet se arrodilló junto a este y sumergió su mano hasta la muñeca. La corriente golpeaba sus dedos con pequeñas ondas de agua fría.


Volteó a ver a Gabriel y descubrió con sorpresa que se había quitado su playera, dejando al descubierto un musculoso abdomen.
Pero eso no fue lo que sorprendió a Violet.


Se sintió triunfante. Ella lo sabía, siempre supo que era verdad e ignoraba a los que intentaban hacerla perder la fe. Ahora se alegraba de creer.


Porque ella estaba viendo un ángel. Unas alas se desplegaron de la espalda de Gabriel. Eran magníficas; blancas con toques negros en las puntas.


Sin poder contenerse. Violet caminó hacia él y rozó las plumas con sus dedos, estaba maravillada.


En ese momento ella ni siquiera se imaginó todo lo que sucedería aquella noche.