19 de agosto de 2011

3 Janissa


Abrí mi locker y saqué mi libro de cálculo. El capuccino mocca que sostenía humeaba soltando un olor irresistible.

Sucumbiendo ante ese maravilloso olor, destapé el mocca y lo acerqué a mi nariz.
- Tú eres enserio extraña, Draft- levanté la cabeza al escuchar mi apellido.
Caminando por el pasillo se acercaban el mejor quarterback en la historia de la escuela de la mano de su perfecta novia líder de porristas.
- ¡Sebastian!- exclamé abrazándolo. Era mi mejor amigo en el mundo. -¡Brittany!- la abracé a ella. Era una de las dos chicas que habían pasado de ser mi amigas a ser mis hermanas.
- Janissa- dijeron al unísono. Sin estos chicos mi vida no sería la misma. Sebastian era una de esas personas que siempre te apoyan y están ahí para ti.
Aún así, la nuestra no era una de esas historias en las que las chicas se enamoran platónicamente de sus mejores amigos.
Sebastian y Britt estaban juntos y eso iba bien conmigo.                     

Por otra parte, Britt y yo habíamos crecido juntas y siempre habíamos sido las mejores amigas, junto con Hilary formábamos un trío inseparable.
Hilary era… bueno, era Hilary. Simpática y buena con todo el mundo. Inocente todo el tiempo. Una chica que jamás pasaría por sus años de rebeldía y que siempre sería muy obediente, tranquila y feliz.
Ella era la que aportaba la tranquilidad e inocencia al equipo. Britt daba la parte snob y yo la personalidad y la maldad.
Éramos tan distintas que simplemente encajábamos. Sin saber cómo, siempre éramos las adolescentes más populares de la ciudad.

- Justo íbamos a cálculo- dijo Sebastian viendo mi libro. -¿Vienes?
-Claro.- dije y comencé a caminar junto a ellos, lo cual resultaba un poco incómodo. Iban abrazados y se detenían cada tres pasos para besarse.
Finalmente decidí  dejarlos solos:

- Adelántense, en un momento los alcanzo.- Dije
-¿Segura?-preguntó Britt, asentí.

Avanzaron  por el pasillo hacia el aula y yo retrocedí. En realidad planeaba saltarme esa clase.
Comencé a retroceder y deambular por el colegio.
Caminé hacia la entrada, y vi que estaba nevando. Había dejado mi chaqueta en el auto así que salí a buscarla.

En el estacionamiento mi Chrysler ’77 estaba siendo opacado por un Lamborghini Murciélago plateado que jamás había visto.

Ya nadie podía permitirse autos como ese desde que la única  familia rica de Riverbend había dejado el pueblo 16 años atrás, justo después de la desaparición de su hija menor. Luego de eso se prohibió la salida del pueblo a cualquier residente.

Este auto solo podía significar que alguien con dinero había logrado encontrar el camino al pueblo.

Volví al interior algo confundida. Pasé frente al despacho del director y descubrí que había alguien dentro. Me agaché para que la pared me cubriera y solo asomé los ojos.
De espaldas a mi había dos personas con sudaderas grises y capuchas puestas hablando con el director.
Se movían de manera sincronizada. Se acercaron a la puerta para salir, yo me escondí tras el cubo de basura y observé.
Eran dos chicos exactamente iguales, gemelos. Caminaban con la misma pierna, de hecho daban miedo. Las únicas diferencias eran que el chico de la derecha se cubría un ojo con la mano y llevaba una mochila en el hombro derecho, en cambio el otro la llevaba en el hombro izquierdo. Con lo poco que pude observar me di cuenta de que ambos eran muy guapos.

Me levante de mi escondite y caminé a clase.

Había descubierto a los dueños del hermoso auto, ya tenía un tema para comentar en el almuerzo.

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