3 de agosto de 2011

Prólogo

25 de Diciembre de 1994


El aire se coló por su ventana abierta, provocando que un escalofrío recorriera su nuca.


Deslizó el vestido por encima de sus hombros, sintiendo el suave roce de la tela. Era el vestido más hermoso que había visto en su vida: largo, color rojo oscuro, sin tirantes y con lazos dispuesto para atar alrededor del cuello.
Tenía también un abrigo negro de cachemira que contrastaba perfecto con el tono rojo.


Colocó sus pies descalzos sobre unos zapatos negros de tacón y se miró al espejo, parecía otra persona.


La fiesta de navidad nunca había sido su favorita, pero era una tradición, ningún Larsson se la perdía.


-Violet- Escuchó que la llamaban desde fuera. Era hora. Salió y se dirigió a las escaleras, las bajó una por una examinando a su público. Todos se habían quedado callados mirándola fijamente. Algunos con adoración, otros con envidia.


Cuando llegó al final de la escalera su madre fue hacia ella y la llevó por el salón presentándola a todas las personas.
En la familia Larsson la primera navidad después de tu decimosexto cumpleaños era cuando te presentaban a la sociedad, todo un acontecimiento. Pero Violet sólo quería salir de ahí lo más rápido posible. Cuando terminó de presentarse con el último miembro de la última de las quince familias presentes, salió al balcón más alejado de la fiesta.


Al llegar se encontró con que no era la única persona ahí afuera, no tenía ganas de presentarse, así que comenzó a retirarse.  Justo antes de lograr desaparecer por la puerta, el extraño volteó a verla obligándola a detenerse.


Tenía aproximadamente su edad. No estaba arreglado, vestía unos Jeans con una simple camiseta negra tipo polo. Su cabello era rubio y largo, pero lo que más le impresionó fueron sus ojos. Eran de un profundo color violeta.


Extrañamente Violet nunca había visto a ese chico a pesar de estar en su casa. Aunque al principio ella no quería presentarse, decidió hablar con él:


-¿Quién eres tú?- Preguntó.
-Violet Larsson- Le contestó él- Es un gusto conocerte.
-Sí, soy Violet Larsson- Dijo algo impaciente- Pero... ¿Quién eres tú?
-Puedes llamarme Gabriel, he viajado desde muy lejos para conocerte.


Violet pensó en eso... ¿Sólo para conocerla?


-¿Qué quieres de mí?
-Ven conmigo al bosque y te lo mostraré- Ella no quiso hacerlo, pero había algo en su voz, algo extraño que la convenció.


Él extendió la mano y Violet la tomó sin pensar, subieron al borde del barandal y saltaron. Cuando tocaron el suelo, un inmenso bosque se extendió delante de ellos, Gabriel se adentró en este y Violet le siguió.


Ella escuchó el sonido de un río muy cercano hacia la izquierda. Gabriel fue hacia allí y enseguida encontraron la fuente del sonido. El río era hermoso, completamente cristalino y el sonido era muy relajante.


Violet se arrodilló junto a este y sumergió su mano hasta la muñeca. La corriente golpeaba sus dedos con pequeñas ondas de agua fría.


Volteó a ver a Gabriel y descubrió con sorpresa que se había quitado su playera, dejando al descubierto un musculoso abdomen.
Pero eso no fue lo que sorprendió a Violet.


Se sintió triunfante. Ella lo sabía, siempre supo que era verdad e ignoraba a los que intentaban hacerla perder la fe. Ahora se alegraba de creer.


Porque ella estaba viendo un ángel. Unas alas se desplegaron de la espalda de Gabriel. Eran magníficas; blancas con toques negros en las puntas.


Sin poder contenerse. Violet caminó hacia él y rozó las plumas con sus dedos, estaba maravillada.


En ese momento ella ni siquiera se imaginó todo lo que sucedería aquella noche.







2 comentarios:

  1. Dios, estrella es hermosa la historia & el chico se ve que es realmente hermoso! >w<, porfavor no dejes de escribir!

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