22 de agosto de 2011

4 Hilary

Un rayo de sol golpeó mi espalda despertándome. Solté un gran bostezo y miré mi reloj.
¡Diablos! Ya eran las 9:00 am. Me levanté rápidamente y me vestí a toda prisa. Abrí el refrigerador y tomé un poco de leche directo de la caja.

Jalé las llaves de mi auto, no sabía que coche era, pero papá lo llamaba algo parecido a Tamaro  de los años cincuenta. Según él era un “clásico”  así que tenía mucho cuidado al manejarlo, jamás había pasado de los 70 km/h pero ese día iba tarde y tenía que llegar a tiempo para la clase de literatura, ya que había perdido la clase de historia y no podía llegar a la escuela en 10 minutos, eso era lo malo de vivir al otro lado del pueblo.
Aceleré lo mas que pude, rápidamente llegue a los 70 km/h después a los 80, 90, tenía miedo de que sucediera algo malo con el auto pero tenía demasiada prisa, no quería perder dos clases en un día.

Justo a tres cuadras de llegar a la escuela el auto soltó un bramido y se detuvo por completo. Genial, era el peor día de todos.
No había nadie en la calle a esta hora, así que no podía contar con un fabuloso mecánico que estuviera pasando por la misma calle, a la misma hora, en el mismo día.

Entonces… lo vi.

Era la única persona en toda Longstreet. Este día ya iba lo suficientemente mal, no tenía nada que perder, así que grite:
- ¡Hey tú! ¿Puedes venir un momento? Necesito ayuda.- se volvió hacia mí, estaba frotándose el ojo derecho con la mano. Definitivamente era un desconocido.
Esto si que era extraño, nunca había personas nuevas en Riverbend, así que me permití el lujo de observarlo. ¡Cielos! Era enserio apuesto.

En ese momento alzó la mirada, aparté mis ojos rápidamente. Se acercó dudoso sin retirar ni un momento la mano de su ojo.

- Pousdous asyundiste sen asgouis -siseó mirando hacia al suelo.
- ¿Disculpa?-inquirí
Aclaro su garganta, pero no levantó la mirada.
-¿Puedo ayudarte en algo?-su voz era profunda y grave, con un tono de desaprobación como diciendo: No haré nada de lo que pidas
- Pues…-me hacía sentir algo insegura.
-No quería ser grosero, ¿En qué puedo ayudarte?- preguntó de buena manera esta vez.
-Voy tarde a la escuela, y jamás había pasado de los 70 km/h, de pronto el auto comenzó a hacer ruidos extraños y ¡PUM! Dejó de avanzar.
-Entiendo- dijo él aunque aún no levantaba la mirada.
- Así que, ¿Sabes algo de autos? ¿Crees que puedas ayudarme?-pregunté algo nerviosa.
- Veré que puedo hacer- sonaba confiado. Se aproximó al auto y  abrió la parte de enfrente.- Buen clásico.- dijo para si.
-Mi padre dice lo mismo, pero jamás he entendido a que se refiere-traté de hacer una pose sexy mientras lo decía, colocando la mano derecha en mi nuca y la izquierda en la cintura, debí parecer desesperada.

Enarcó una ceja, de verdad debí parecer torpe, se llevo rápidamente la mano hacia su ojo.
-¿Le sucede algo a tu ojo?-pareció molestarle la pregunta, retiró su mano. Antes de que pudiera ver cualquier cosa, un mechón de cabello negro la sustituyó.
-No- respondió molesto y cortante.
-Déjame verlo.- comencé a estirar mi mano hacia él, pero antes de que pudiera tocarlo se retiró y dijo:
- Tu auto ya debería funcionar, ¿Podrías probarlo?

Me enfadé por el cambio de tema, pero me subí al auto y lo intente arrancar. No funcionó.
-No funciona.- dije con tono burlón
 -Ya me di cuenta, gracias por el comentario- dijo intentando sonar enojado, fijó su vista en el auto de nuevo. Cuando creyó que no lo miraba, lo vi sonreír por primera vez. 


Seguí observándolo, me di cuenta de que una delgada línea roja cruzaba por su mandíbula, me pregunté cómo se la había hecho.

Se puso a trabajar. En algún momento, el mechón que cubría su ojo derecho le estorbó y lo retiró. Un rayo de sol acarició su rostro resaltando un destello violeta.
Alzó la vista queriendo decir algo, notó mi expresión y transformó la suya completamente. Se veía asustado.
Cerró la parte delantera del auto y sin más dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria a mí.
Abandoné mi posición y corrí tras él, lo tome por el brazo para detenerlo.

-Suéltame- ordenó en voz baja.
-¿A dónde crees que vas sin arreglar mi auto?- lo reté, me miró desconcertado.
-¿Acaso no te diste cuenta?-preguntó algo confundido
- De lo único que me di cuenta fue de un hermoso ojo violeta que es obligado a esconderse-dije orgullosa de mi respuesta
-Es horrible-dijo cortante
-¿De qué hablas?, son los ojos más hermosos que he visto en toda mi vida.-Pareció desconcertado por un minuto.

Finalmente sonrió y dijo:

-Soy Ash Larsson-le devolví la sonrisa.

2 comentarios: